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jueves, 7 de febrero de 2019

Imagino 

No me siento solo
aunque a veces te extraño. 

No a ti, Minerva despeinada
no a ti que me desprecias. 

Quizá extraño tu olor
el calor de tus piernas
la rapidez de tu aliento. 

No me siento solo
pero en mi mente te acompaño. 

Celebro tus victoria y tus vicios
por más que uno de ellos
sea no haberme querido. 

Y es que estoy bien, estoy vivo
¿Qué me importa el pasado contigo?

No me siento solo, al contrario
Sólo me siento e imagino. 

Que tú no estás sola ¿cómo podrías?
si tu piel alimenta a hordas por días 
si tu voz es paz y armonía. 

No me siento solo
pero no me molestaría 
que tú, allá en tu esquina
Quisieras hacerme compañía. 

viernes, 1 de febrero de 2019

Perder



Nos aterroriza ser un paria de este consumo constante.
Claro, nuestra mortalidad nos otorga ese privilegio.
El terror y el placer de perder el tiempo.

De ser inmortales no tendríamos prisa alguna,
Quizá, de ser inmortales no nos levantaríamos con el sol.

De ser inmortales no nos explicaríamos nada.

De ser inmortales, la existencia sería un delirio espantoso e insoportable.

De ser inmortales, buscaríamos la muerte.

jueves, 9 de diciembre de 2010

UNA ODA SUBIDA DE TONO

No me enteré que tenías arrugas
no vi cuando salió la preocupación en tu cara
tampoco supe que eras tan vaga
eras una puta, y no me dijiste nada.

Caminabas de lado, contoneándote
no sabía si eran mis lentes
si tenías polio, o tenías un retraso
pero tus nalgas rebotaban de costa a costa

Como si vivieras un día en París
y otro en un catre
o en la luna del cielo
cuando está en cuarto menguante

Eres una puta agraciada
tanto, que no dejo de amarte
Se me pasó saber cuando te volviste aburrida
estaba muy ocupado dándote
mi corazón y mis días.

Y ya que lo pienso bien serías perra
porque de ser una puta,
bien lo dice la cultura popular
serías demasiado fácil

Y aunque hoy que me miro al espejo
sólo veo mi sepultura
sé que cuando me violaste con el cáncer
yo te cogía con dulzura

y a escondidas le conté a mi madre
que te amaba y no te dejaría ir.
Pero hoy en mi cama de hospital
sé que no tengo alternativa.
¡Nos vemos en otro lado, vida mía!

Por Mauricio J Coronado