Porque casi nunca pongo títulos largos.
Esta noche tuve más frío,
Será tu recuerdo o será tu olvido.
Lentas pasaban las horas,
Desde que dijiste que tu amor no era mío.
¿Y a quién le importan las pertenencias?
Si no sabemos querernos con paciencia.
Esa noche en que esperaste un momento,
Uno propicio, donde matarme no tendría testigos.
Y lo encontraste, pero en el momento de enterrar la daga,
Te diste cuenta de que tenías conciencia,
Que no te permitió matar a sangre fría,
Y quisiste confortarme con palabras tiernas.
Que me olvidara de mi dolor
Pues decías que no ibas a matarme.
Así que terrible asesina,
Te pedí en mi alucine,
Que si pensabas matarme después,
Mejor me quitaras ya la vida;
Pues más vale haber muerto hombre,
Que vivir cobarde, toda la vida.
Por Mauricio Julián
à M, que quizá ya sabe que el 90% del
contenido de acá es por ella. Hasta ahora.
domingo, 16 de enero de 2011
viernes, 14 de enero de 2011
CIRCUNSTANCIAS
Me aventuro a la historia, provecho.
Es de esos días en que no quieres respirar, en que todo lo que el sol no alcanza a iluminar parece familiar. Estaba un tiempo en la acera, esperando a que el camión pasara. Ni siquiera era una esquina, era una banqueta vil y bien cuidada, con un poco de pasto que entresalía de las separaciones de las lozas. Ya ni siquiera veía al horizonte, sabía que si esperaba ahí más tiempo, en algún momento se le concedería el honor de que un método de transporte (ya ni siquiera era el camión) lo recogiera al fin. Mientras estaba ahí, mientras era ahí, pues eso era lo que mejor hacía: ser; empezó a descubrir dentro de sí cualidades que un transportista cualquiera quisiera para su vehículo, incluso para su negocio. De alguna manera, sabía todos los diferentes funcionamientos de una máquina de combustión interna; tenía conocimientos sobre eléctrica básica. No parecía un pasajero cualquiera; en las noches, sobre la misma banqueta, cantaba a la luna, que esperaba un día bajara a visitarlo, decirle que todo estaba bien; pero nunca lo hizo.
Pasaron semanas y no pasaba nada, nadie; parecía todo un lugar segado, se sentía ciego; o simplemente solo, no sabía describir lo que sentía. Cuando no cantaba, tomaba unas pelotas y se ponía a malabarar, cuando no entendía por qué lo hacía, sólo sabía que le gustaba. Perdido entre todas las cosas que aprendió en la espera de algo que no sabía si existía se fue a sentar en el porche de una casa abandonada, pero que curiosamente tenía una silla bastante limpia. Aprendió a estar ahí. Un buen día bruscamente se movió para recoger una flor, y un tornillo salido le rasgó el antebrazo y la mano. Pero no sangró, salieron telarañas y un montón de aire. Se sentía raro, era diferente sangrar a ver salir de una herida a insectos voladores y a telarañas. Supuso que no necesitaba del plasma rojo para vivir. Un buen día pasó un camión circense, que se paró justo a la entrada del porche en el que moraba; así que sin verlo bien, se acercó, cuando se dio cuenta que había todo lo que el sabía apreciar, se emocionó y corrió hacia el circo rodante; pero la percepción del camino lo hizo ver un paseo muy largo, pero lo logró, llegó al pie del autobús, cuando leyó en sus puertas cerradas: ‘No estamos contratando’. El camionero sólo lo vio, porque tenía que hacerlo; se volteó y se fue, con todas las ilusiones de él adentro. Cuando se encontró solo, vio en su herida un líquido rojizo, muy parecido a la tristeza.
Por Mauricio Julián
Es de esos días en que no quieres respirar, en que todo lo que el sol no alcanza a iluminar parece familiar. Estaba un tiempo en la acera, esperando a que el camión pasara. Ni siquiera era una esquina, era una banqueta vil y bien cuidada, con un poco de pasto que entresalía de las separaciones de las lozas. Ya ni siquiera veía al horizonte, sabía que si esperaba ahí más tiempo, en algún momento se le concedería el honor de que un método de transporte (ya ni siquiera era el camión) lo recogiera al fin. Mientras estaba ahí, mientras era ahí, pues eso era lo que mejor hacía: ser; empezó a descubrir dentro de sí cualidades que un transportista cualquiera quisiera para su vehículo, incluso para su negocio. De alguna manera, sabía todos los diferentes funcionamientos de una máquina de combustión interna; tenía conocimientos sobre eléctrica básica. No parecía un pasajero cualquiera; en las noches, sobre la misma banqueta, cantaba a la luna, que esperaba un día bajara a visitarlo, decirle que todo estaba bien; pero nunca lo hizo.
Pasaron semanas y no pasaba nada, nadie; parecía todo un lugar segado, se sentía ciego; o simplemente solo, no sabía describir lo que sentía. Cuando no cantaba, tomaba unas pelotas y se ponía a malabarar, cuando no entendía por qué lo hacía, sólo sabía que le gustaba. Perdido entre todas las cosas que aprendió en la espera de algo que no sabía si existía se fue a sentar en el porche de una casa abandonada, pero que curiosamente tenía una silla bastante limpia. Aprendió a estar ahí. Un buen día bruscamente se movió para recoger una flor, y un tornillo salido le rasgó el antebrazo y la mano. Pero no sangró, salieron telarañas y un montón de aire. Se sentía raro, era diferente sangrar a ver salir de una herida a insectos voladores y a telarañas. Supuso que no necesitaba del plasma rojo para vivir. Un buen día pasó un camión circense, que se paró justo a la entrada del porche en el que moraba; así que sin verlo bien, se acercó, cuando se dio cuenta que había todo lo que el sabía apreciar, se emocionó y corrió hacia el circo rodante; pero la percepción del camino lo hizo ver un paseo muy largo, pero lo logró, llegó al pie del autobús, cuando leyó en sus puertas cerradas: ‘No estamos contratando’. El camionero sólo lo vio, porque tenía que hacerlo; se volteó y se fue, con todas las ilusiones de él adentro. Cuando se encontró solo, vio en su herida un líquido rojizo, muy parecido a la tristeza.
Por Mauricio Julián
jueves, 13 de enero de 2011
ODA AL HERMANO
Este es un poema escrito a mi hermano, en unas vacaciones de primavera, espero lo disfruten.
Hermano mío, hermano del alma,
Eres muy bueno, pero me haces perder la calma
Y sin miedo al error o a la represaliam
Puedo afirmar que eres una gran mamada.
Cinismo es tu favorita palabra,
Duermes, mientras la vida no calla
Ríes de los fallos ajenos
Y poco te importan los buenos deseos.
Hermano, estás siempre vigente
Siempre te califican de buena gente,
Y como diría mi padre, chingas poco
Pero muy seguido.
Y aunque seas desempleado
Y te la vivas mucho acostado
Te quiero vivo, tengo que hacerlo
Pues siempre serás mi hermano.
Por Mauricio J. Coronado
Pa' mi hermano del alma, que tanto hace falta por acá.
Hermano mío, hermano del alma,
Eres muy bueno, pero me haces perder la calma
Y sin miedo al error o a la represaliam
Puedo afirmar que eres una gran mamada.
Cinismo es tu favorita palabra,
Duermes, mientras la vida no calla
Ríes de los fallos ajenos
Y poco te importan los buenos deseos.
Hermano, estás siempre vigente
Siempre te califican de buena gente,
Y como diría mi padre, chingas poco
Pero muy seguido.
Y aunque seas desempleado
Y te la vivas mucho acostado
Te quiero vivo, tengo que hacerlo
Pues siempre serás mi hermano.
Por Mauricio J. Coronado
Pa' mi hermano del alma, que tanto hace falta por acá.
martes, 11 de enero de 2011
EL CAFÉ, NEGRO. EL SACO, CAFÉ.
Estaba esperando un café
También una llamada.
Una sombría luz de verano
Cubría su boina calada.
Eran las diez, un momento fantasma
De la mañana es la hora perdida
Entre el amanecer y el mediodía.
Castigaba sus dedos con mordidas
Descabellaba sus uñas una a una;
Lo que hace la ansiedad
Y la espera de un amor potencial.
Vestía un saco café
Indumentaria más bien otoñal.
Sentía que desde entonces esperaba.
Sin sentarse hasta el infinito
Sabía que no llegaría esa llamada.
Aún así, esperaba.
Eran dos almas derramadas
Una de desesperanza en la espera
Otra, en la distracción de la vida
La pasaba bien, sin ser distraída.
Por una llamada, una manchita,
Que en su corazón dejó una flor
Promesa de un amor por venir
Que ahora quedó marchita.
Por Mauricio Julián
También una llamada.
Una sombría luz de verano
Cubría su boina calada.
Eran las diez, un momento fantasma
De la mañana es la hora perdida
Entre el amanecer y el mediodía.
Castigaba sus dedos con mordidas
Descabellaba sus uñas una a una;
Lo que hace la ansiedad
Y la espera de un amor potencial.
Vestía un saco café
Indumentaria más bien otoñal.
Sentía que desde entonces esperaba.
Sin sentarse hasta el infinito
Sabía que no llegaría esa llamada.
Aún así, esperaba.
Eran dos almas derramadas
Una de desesperanza en la espera
Otra, en la distracción de la vida
La pasaba bien, sin ser distraída.
Por una llamada, una manchita,
Que en su corazón dejó una flor
Promesa de un amor por venir
Que ahora quedó marchita.
Por Mauricio Julián
lunes, 10 de enero de 2011
SIN DESTINATARIO EXPRESO
Acuérdate de nuestros diciembres
que me veías bien y con ternura
donde te abrazaba con dulzura
¿te acuerdas de nuestros diciembres?
En esos días en que tú y yo
hacíamos de todo, nosotros
en que te buscaba sin encontrarte
y me sorprendías sentada en mi corazón.
Acuérdate de esos días que querías mis costados
y sin preguntarlo siquiera yo te los daba.
Acuérdate de las mesas vacías
por las que danzábamos lentamente,
porque en esos días, éramos nosotros.
Acuérdate de lo mucho que ya te quiero
que en poco tiempo fui cayendo
y que sin quererlo quedé ahí, contigo.
Y ahora que estás lejos, no puedo separarte de mí.
Acuérdate de nuestros diciembres,
antes de que te dignes a olvidarme,
que me querías entonces
que esperabas quererme más.
Y con el olvido, la distancia me acerca tu recuerdo
que no dejo de ver en el espejo,
junto a mí, una ilusión de tu reflejo.
La que me quiere, la que me llama.
Pero antes de que me dejes sin tu abrazo
acuérdate de nuestros diciembres,
en que la separación era un pequeño lapso,
aunque tristemente, haya resultado
en tu fatídico olvido.
Por Mauricio Julián
Quizá son sólo ideas
puede que no lo creas,
pero al tan fuerte sentirlo
tenía tan sólo que decirlo.
à M.
que me veías bien y con ternura
donde te abrazaba con dulzura
¿te acuerdas de nuestros diciembres?
En esos días en que tú y yo
hacíamos de todo, nosotros
en que te buscaba sin encontrarte
y me sorprendías sentada en mi corazón.
Acuérdate de esos días que querías mis costados
y sin preguntarlo siquiera yo te los daba.
Acuérdate de las mesas vacías
por las que danzábamos lentamente,
porque en esos días, éramos nosotros.
Acuérdate de lo mucho que ya te quiero
que en poco tiempo fui cayendo
y que sin quererlo quedé ahí, contigo.
Y ahora que estás lejos, no puedo separarte de mí.
Acuérdate de nuestros diciembres,
antes de que te dignes a olvidarme,
que me querías entonces
que esperabas quererme más.
Y con el olvido, la distancia me acerca tu recuerdo
que no dejo de ver en el espejo,
junto a mí, una ilusión de tu reflejo.
La que me quiere, la que me llama.
Pero antes de que me dejes sin tu abrazo
acuérdate de nuestros diciembres,
en que la separación era un pequeño lapso,
aunque tristemente, haya resultado
en tu fatídico olvido.
Por Mauricio Julián
Quizá son sólo ideas
puede que no lo creas,
pero al tan fuerte sentirlo
tenía tan sólo que decirlo.
à M.
sábado, 8 de enero de 2011
CORRESPONDENCIAS
Son cartas de amor que nos escribimos
tú amas mis letras, yo tus facetas,
que aún no conozco pero si nos reunimos
será una de mis tretas.
Tú estás allá como si algo hubiera,
yo estoy acá esperando que algo haya.
Tengo tiempo para pensar,
en lo lento que pasa el tiempo
y en cómo sería tu mirada por la mañana.
Y es todo lo que se me viene,
que fingimos amistad
porque nos da miedo acercarnos más.
Que el precipicio está ahí
aunque nos rehusemos a verlo.
Y aún así nuestra amistad es hipócrita,
porque el encuentro corporal da miedo,
pero la separación espiritual es innombrable.
Si yo corro y tú vuelas,
en vez de verte a ti,
prefiero, sobre todo
Amarte a través de tus letras.
Por Mauricio Julián
tú amas mis letras, yo tus facetas,
que aún no conozco pero si nos reunimos
será una de mis tretas.
Tú estás allá como si algo hubiera,
yo estoy acá esperando que algo haya.
Tengo tiempo para pensar,
en lo lento que pasa el tiempo
y en cómo sería tu mirada por la mañana.
Y es todo lo que se me viene,
que fingimos amistad
porque nos da miedo acercarnos más.
Que el precipicio está ahí
aunque nos rehusemos a verlo.
Y aún así nuestra amistad es hipócrita,
porque el encuentro corporal da miedo,
pero la separación espiritual es innombrable.
Si yo corro y tú vuelas,
en vez de verte a ti,
prefiero, sobre todo
Amarte a través de tus letras.
Por Mauricio Julián
domingo, 2 de enero de 2011
DE MAÑANA
Amanezco y es un juego surreal
tintes rosas flotan en la habitación
Un diezmo dejó sus huellas leales,
estaban ahí conchas y besos letales.
La mañana mojada estaba,
el cielo se olvidaba con su gris,
de su existencia, de nuestra insistencia,
de querer robado, de amar la violencia.
Todo podría parecer un mensaje
de una vida nueva, limpiando sangre
con la lluvia tersa, olvidando pecados
volviendo a tener cabezas huecas.
Veremos si así mejoramos
sobrevolamos la ilusión
La apreciamos por sus maravillas
y olvidamos que nos odiamos
Para regresarle a la Tierra
el amor, el fruto de la vida.
Por Mauricio J. Coronado
tintes rosas flotan en la habitación
Un diezmo dejó sus huellas leales,
estaban ahí conchas y besos letales.
La mañana mojada estaba,
el cielo se olvidaba con su gris,
de su existencia, de nuestra insistencia,
de querer robado, de amar la violencia.
Todo podría parecer un mensaje
de una vida nueva, limpiando sangre
con la lluvia tersa, olvidando pecados
volviendo a tener cabezas huecas.
Veremos si así mejoramos
sobrevolamos la ilusión
La apreciamos por sus maravillas
y olvidamos que nos odiamos
Para regresarle a la Tierra
el amor, el fruto de la vida.
Por Mauricio J. Coronado
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